(Enero 2007) Hoy hemos disfrutado de una jornada montañera de lo más refrescante. Los montes por estas latitudes siguen nevados y el frio y el hielo son la tónica dominante…hoy el monasterio y sus alrededores estaban llenos de coches y de gente. La mayoría eran montañeros y personas que habían ido a disfrutar de la nieve, los menos eran feligreses que acudían a misa. Es curioso constatar cómo cambian las costumbres y las creencias. No hace más de treinta años en este mismo lugar vivían decenas de seminaristas y hoy el seminario donde se realizaban los estudios ha sido derruido…en su lugar se han construido modernos edificios para realizar encuentros, convivencias y otras efemérides…esperemos que el cambio sea para mejor y no hayamos cambiado una creencia por otra…
Después de una hora de ascensión nos hemos sentado debajo de un roble joven que tendría algo mas de cien años y hemos disfrutado del maravilloso paisaje que se ha desplegado a nuestros ojos. Es curioso la energía que emiten estos árboles...detrás de la aparente desnudez de su tronco y de sus ramas se sentía como la vida seguía su curso... Por encima de los picos nevados iban formándose nubes densas y oscuras, ahora las sombras eran muy definidas con el sol claro y brillante. En el aire persistía el grato perfume de un día limpio y luminoso...todavía había un largo camino de descenso hacia el monasterio donde habíamos dejado el coche… Uno no puede ser sensible solo a la belleza; también tiene que ser sensible a la fealdad, a la suciedad y a la desorganizada mente humana. La sensibilidad significa afecto y respeto a todo cuanto nos rodea, no solo en una dirección particular. Una mente que en sí misma no es sensible a todo cuanto le rodea, no puede ir muy lejos. En cambiuo una mente sensible, es una mente religiosa que comprende que La Naturaleza de la Vida y La Naturaleza de la Muerte son la misma cosa.

